Crónica LocA por Victor Sueiro
Escritor y Periodista Argentino. En esta sección veremos algunas columnas escritas por él en la revista Conocer y Saber:
HISTORIAS ASOMBROSAS. El misterio del Libertador.
José de San Martin, era un hombre del Destino. Su energia y su voluntad eran por completo fuera de lo común, cosa que queda demostrada en muchas ocasiones pero especialmente la segunda vez que cruza los Andes: debe hacer buena parte del trayecto tendido sobre una camilla y retorciéndose del dolor que le producían las enfermedades que lo acompañaron toda su vida, el asma y la dispepsia. Severo, íntegro, decidido, pero también tierno y comprensivo hasta niveles insospechables. Luego de una vida que fue todo lucha, llegó su último día, aquel 17 de agosto de 1850, lejos de la Patria, en Boulogne Sur Mer.
Sabía que moriría pronto. Tal vez sospecho que sería ese 17 cuando se levantó de su lecho mucho más sereno y tranquilo que en las últimas semanas. Su úlcera gástrica que le hacía vomitar sangre permanentemente en los últimos días lo estaba llevando de la mano hacia el final del camino. Un final en el que ocurriría algo quizás pequeño como hecho, pero enorme como símbolo misterioso de la despedida de un auténtico grande de la historia humana.
Eran las dos de la tarde cuando se dobló aferrándose el estómago por el intenso dolor. Se acostó. Junto a él se hallaba su única hija, Mercedes, su yerno, Mariano Balcarse y su médico el Dr. Jackson, los tres testigos del hecho misterioso que ocurriría al morir el héroe. A poco de reponerse del intenso dolor, San Martín se levantó penosamente y con un gran esfuerzo se pasó a la cama de su hija, la que seguramente quiso usar como último lecho. Casi de inmediato comenzó a sentir una oleada de terrible dolor. Se aferró al estómago con una mano y con la otra hizo señas a su yerno para que sacara a Mercedes de la habitación. Balcarse no llegó a cumplir el pedido. El corazón de San Martin se detuvo no soportando ya tanto dolor. En la mano que había llevado a su vientre aferraba un crucifijo y otro reposaba sobre su mesa de noche. Merceditas se arrodilló junto al lecho y lloró sobre el cadáver de su padre. Mariano Balcarse la tomaba de los hombros confortándola y el Dr. Jackson corrió las cortinas por las que entraba un fuerte haz de luz. San Martín había muerto. Y sólo al día siguiente todos advirtieron ese hecho misterioso que aún hoy nos sorprende: tanto el reloj de pared como el de bolsillo que usaba habitualmente el Libertador se habían detenido exactamente a las tres, hora en que aquél había expirado. De haber ocurrido con un reloj hubiera sido curioso; al sucederle a los dos relojes del lugar la coincidencia se transformó en un misterio. Un misterio que nadie supo ni pudo explicar hasta hoy.

"Victor Sueiro y Tita Merello"
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